Volveremos

Fuente: Málaga CF

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Hoy hace un año de la última vez que pisamos el templo de todos los malaguistas, y prácticamente ninguna de las 23.000 almas que estaban en aquel partido era consciente de lo que acabaría pasando tan solo unos días después.

Lo que debía ser un partido más, quizás clave para pelear el Play-Off, acabó siendo un día histórico, aunque eso si para algo negativo. 

Era 8 de marzo, y todo el panorama del fútbol sala estaba mirando hacia el Martin Carpena, pero no solo eso sino que además a tan solo unos kilómetros se estaba jugando, sin saberlo, el último partido con público del año para los malaguistas.

El ambiente de aquel día, era un poco raro, se jugaba a las cuatro, había mucha afición visitante por la calle y además, desde hacía unos días en la ciudad había un tema generalizado de conversación, “el nuevo virus de China”, incluso algunos ya portaban mascarilla por precaución.

Pero muchos de lo que leéis esto, recordáis y añorareis todo aquello que conllevaba un partido en Martiricos. El levantarte sabiendo que ese día había que ir al templo, el estar desde el lunes organizando el fin de semana para llegar a tiempo al recibimiento, o cambiar el turno en el trabajo para poder ir al templo, aunque fuese a llegar con la hora justa, incluso despedirnos de todos los amigos que veíamos por los alrededores con ese «bueno, a ver que hacemos hoy». Porque seguramente te habrás visto identificado en alguno de estos ejemplos, a todos nos ha pasado. Éramos felices sin saberlo, teníamos la oportunidad de cada 10-15 días acudir junto a otros 20.000 locos a un estadio a ver cómo los once jugadores de turno defendían la blanquiazul, con mayor o menor fortuna.

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Porque, ¿Cuántos de vosotros no pagarías por poder ir apiñados en el 15 después de un partido?, ¿Estás seguro que no echas de menos el llegar con la hora justa al partido y pasar el torno mientras sonaba el himno?, o incluso ¿no echas de menos a esos compañeros de asiento con los que jamás has hablado fuera del estadio pero dentro son como de tu familia?

Pues todo esto hace que no sea solo ir a ver al Málaga durante dos horas, sino que es prácticamente un estilo de vida, y una forma de encarar cada fin de semana. Porque si, en la tele se ve todo más nítido, pero no tienes esa intriga de saber si ha sido penalti o no, no necesitas consultar con ese amigo que lo está viendo desde casa para que te saque de dudas, ni escuchas al de detrás cantar los goles antes de que el delantero haya ni cogido el balón. Todos estos matices hacen que la experiencia sea única, y que esas dos horas pasen volando, por muy mal que juegue el equipo ese día.

Además, entre esas sensaciones que nos faltan ¿no echáis de menos cantar ese “vamos Málaga mete un gooool lolololo” que desde Fondo Sur levantaba las palmas de todo el estadio?, o el dar botes como locos al ritmo de “vamos Málaga hoy te he venido a verrrr”. Son momentos que solo los que elegimos ser malaguistas podemos sentir, gracias a dios que podemos pertenecer a un equipo tan grande, porque aunque nuestro mayor logro sea haber sido robados en una gesta europea, tenemos una afición única y eso no hay dinero que lo compre.

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Así que no sabemos cuando, pero hay que tener claro una cosa:

VOLVEREMOS

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