Opinión| Los siete segundos de la vergüenza

Ayer, La Rosaleda estaba expectante para despedir a uno de los suyos. Era el día elegido para rendir tributo a Antonio Fernández Benítez. Más allá del escueto homenaje rendido por el club, que ya se había despedido de él durante el día de su fallecimiento, hubo un hecho que enerva a cualquiera que sea seguidor del balompié. En el tributo a la leyenda malaguista, se debía guardar un minuto de silencio. 60 segundos que sirviesen como breve homenaje al que fuese jugador, entrenador y un sinfín de cargos más dentro del club blanquiazul. Pero, el colegiado del encuentro, Jon Ander Esteban, estimó que un minuto era demasiado homenaje para alguien que ha entregado décadas de su vida al conjunto costasoleño y dio por finalizado el homenaje tras pasar siete segundos con el estadio en silencio. Además no se puede obviar que Alfonso Queipo de Llano, alma mater del CD Málaga de baloncesto, también era homenajeado tras su fallecimiento, por lo que la falta de respeto y empatía fue doble. Este es el fútbol moderno, uno que no respeta a sus leyendas ni después de su muerte. Esperemos que si, por desgracia, el colegiado tiene que volver a señalar un minuto de silencio, recuerde que son sesenta segundos no SIETE.

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