Opinión| Éstos son nuestros criterios, y si no le gustan, tenemos otros

Foto 1:Gol de Mbappé en la UNL. Foto 2: Gol anulado al Málaga en El Alcoraz

No es nuevo que, día tras día, el estamento arbitral cambia de criterios. Lo que una jornada es roja, a la siguiente no, y a la inversa. Es habitual que, en cada post partido, exista un gran número de polémicas entorno a las decisiones arbitrales.

El gol de Dortmund, que recibió el Málaga, fue el claro ejemplo que querían vender para insertar el V.A.R. Con la llegada de la herramienta se decía que no iban a haber errores tan grosos pero, a la vista está, nada ha cambiado.

Jornada tras jornada seguimos con las mismas dudas. Penaltis extraños, rojas dudosas y goles anulados sin razón aparente. En sus inicios, el V.A.R fue una herramienta útil y sencilla. No se demoraban las decisiones y eran comprensibles. El problema llegó al implantarlo en España. Con la llegada a LaLiga, empezaron a aparecer expresiones nuevas, que no dejaban nada claro: “Jugada gris”, “criterio”…

Estas palabras, que en Rusia 2018 no oímos, se convertían en excusa para cada decisión. Si una jugada era anulada erróneamente, se hablaba de que el arbitro había interpretado la jugada. ¿Se imaginan a un juez interpretando la ley?, e incluso se decía que era una jugada gris, cuando lo único gris que había en la acción eran las botas de algún jugador.

En la Nations League, Mbappé anotó un gol que, a ojos de medio mundo, era gol legal. En cambio, para el árbitro de aquel día y algunos “expertos arbitrales”, era gol limpio. Tras las enésimas explicaciones, dimos por valido el criterio por simple cansancio.

El problema llega, cuando el mismo estamento toma decisiones diferentes en la misma jugada. E incluso a esta hora, el Real Madrid va ganando por una jugada, igual o mas polémica que la de El Alcoraz. El colectivo arbitral, de nuevo, influye mucho en el resultado y puede llegar a dejar a un equipo sin un trofeo, o sin tres puntos como hoy.

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Eso sí, oigan tertulias radiofónicas y verán como los árbitros son perfectos y la culpa es nuestra por ser, según ellos, unos incultos y no conocer los criterios arbitrales que cambian cada vez que interesa.

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